La ley de polaridad que rige este mundo también aplica al endeudamiento. Hay deudas buenas y de las otras. En la jerga de la educación financiera se conoce como crédito “sano” y, contrariamente, no tan sano. En la categoría de buenas  están aquellas que a largo plazo le permiten a una persona alcanzar un mejor nivel de vida; por ejemplo, créditos para vivienda o estudios. Las deudas malas por otro lado, no conllevan un mejoramiento a futuro. En otras palabras, si la deuda no estás asociada a una inversión, mejor es no endeudarse.
En Ecuador, en base a los resultados de la encuesta de hogares de la Fundación CRISFE, más de la mitad de los hogares endeudados tienen una deuda buena en capital de trabajo, hipoteca o educación. Sin embargo, cerca de un tercio de los hogares tiene deudas “no tan buenas” de consumo en tarjetas de crédito, autos o incluso en fiestas de matrimonio, quinceañeras o priostes.

Como se mencionó previamente, son más los hogares ecuatorianos que estaban endeudados al momento de levantarse la encuesta que los que no lo estaban: 55% vs. 45%. Entre los endeudados, el principal destino del crédito fue una inversión (23%  lo mencionan como primera opción), seguido por deuda para consumo, crédito hipotecario, crédito educativo, crédito para compra de vehículos y para salud.

En el sector rural, por ejemplo, la principal motivación para solicitar un crédito o deuda está relacionada con la inversión en herramientas e insumos para la actividad productiva a la que se dedique el solicitante.

Si bien se prefiere el crédito para inversión que para consumo, incluso para invertirlo es necesario ser cautelosos. Warren Buffet, la tercera persona más rica del planeta después de Bill Gates y Carlos Slim según la revista Forbes, recomienda “nunca pruebes cuán hondo es el río con los dos pies a la vez”.  Un consejo acertado considerando que 47% de las personas encuestadas indica que conoce de familiares o amigos que solían ser relativamente solventes y de pronto se encuentran en problemas financieros. La razón en la mayoría de casos habría sido un mal manejo de sus finanzas, incluso más frecuente que eventos desafortunados.